Uruguay tiene todo para ser sede de arbitrajes: hoteles, centros de conferencias y accesibilidad para hacer arbitrajes, alojar a los participantes y facilitar su comodidad y la ejecución de su tarea. También cada vez hay más abogados especializados y pueden encontrarse otros profesionales y técnicos idóneos como árbitros y asesores.
Comparando con otras partes de Latinoamérica, los jueces no son “hostiles” al arbitraje: respetan los laudos y declinan jurisdicción si las partes pactaron arbitraje. Y ahora tenemos un volumen de negocios y proyectos de inversión que justifican el despegue de la práctica arbitral.
La única carencia, señala Soledad Díaz, integrante del equipo de Litigios y Arbitrajes de FERRERE, es que no tenemos una moderna ley de arbitraje. Aún sin la ley, la abogada considera que el arbitraje comercial en disputas de negocios sigue siendo la mejor alternativa y Uruguay un buen escenario.
Pero no hay razón para perdernos de participar en una buena oportunidad de negocios, ni para desperdiciar otra oportunidad de mejorar: se trata de ponernos al día en este momento, con una ley moderna que elimine las suspicacias que genera la falta de un marco legal adecuado.
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